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por Ing. Iván A. Montañez
De acuerdo con estadísticas del Ministerio de Educación de China en la actualidad hay unos 300 mil estudiantes extranjeros en ese país, de los cuales, 23 mil tienen la condición de becarios del Gobierno. Las autoridades educativas esperan que el número de beneficiarios de las becas llegue a 50 mil en pocos años. Desde 1978 alrededor de 2.2 millones de extranjeros estudiaron en China, según las estadísticas oficiales. El objetivo del Gobierno es aumentar este número introduciendo nuevos incentivos.

Pero, no es un paso fácil elegir ir a China, hacerlo es una prueba de perseverancia y de muchos esfuerzos, llena de sacrificios lejos de seres queridos y amistades, desarraigado del terruño, los costosos traslados no son comparables a las alternativas educativas en otros países, pero resulta reconfortante estudiar en una nación que es la matriz cultural del confucionismo, donde se educa la tercera parte de la población del mundo, con alto rango de opciones académicas enriquecidas por conceptos filosóficos, una experiencia de enseñanzas basadas en la sabiduría popular milenaria sintonizada con los cambios tecnológicos que vive el mundo.

Nuestro país no tiene una misión diplomática en Beijing, irónicamente no reconocemos al país que es el epicentro de la producción mundial, el motor económico global que auxilia a las emblemáticas potencias inmersas en una crisis financiera. China es el segundo usuario del Canal, primer proveedor de la Zona Libre de Colón, y aunque figuramos como su quinto socio comercial en la región, privilegiamos relaciones con Taipei, que se sostiene de su intercambio con China.

La experiencia de cursar siete años de estudios universitarios en ese país, junto con otros panameños, demuestra que ya no se puede alegar que las distancias ni las barreras idiomáticas son impedimentos para emprender una carrera universitaria en esta compleja y apasionante sociedad asiática.

Yo inicié mis estudios en la Universidad Marítima de Dalian, Liaoning, provincia del noreste, empezando con cursos de mandarín, necesarios para proseguir con el desarrollo de mi carrera en ingeniería en transporte, con énfasis en administración de puertos. Actualmente estoy a la espera de recibir mi título en maestría en logística multimodal.

Como yo, cientos de panameños estudian en China, becados y por cuenta propia; inspirados por las ansias de superación (como un navegante en busca nuevos retos) y de nutrirse de una alta educación basada en el confucionismo dentro de los canales de las enseñanzas del arte de la guerra, que sin duda nos prepara para aportar al crecimiento laboral y socioeconómico de nuestro país, apoyados en conocimientos inculcados con un enfoque distinto a otros destinos académicos; conectados con un país en pleno auge económico, dispuestos a mantener los lazos históricos entre los pueblos chino y panameño.

Destacamos que desde el año 2006, cuando se inició este programa unilateral de cooperación del Ministerio de Educación de China, más de 40 panameños hemos sido beneficiados con becas. A raíz de esta ausencia diplomática de nuestro país en China, aunque existe una Oficina Comercial desde 1997, los estudiantes panameños hemos realizado jornadas heroicas para integrarnos y estar comunicados.

La ausencia de un agregado cultural que pudiera ayudarnos, motivó la creación de la Asociación de Padres de Becarios en China y la Asociación de Profesionales Egresados de Universidades Chinas, dos asociaciones fundadas para promover y fomentar los estudios universitarios en esa compleja sociedad, incluso alentar el estudio del mandarín y carreras estratégicas en el desarrollo de nuestro país.

Nuestro objetivo supremo, como asociación, es lograr que los panameños egresados de universidades chinas, incluyendo a Macao, Hong Kong y Taiwan a nuestro retorno a Panamá asumamos cabalmente los retos de la época actual y participemos activamente en el desarrollo económico y social de nuestro país.

Queda por agregar que China sigue siendo una opción real para el panameño que se atreve a emprender retos, con la retribución de la satisfacción a largo plazo. Más que un destino, China es una experiencia que cambia vidas. Así que suelta amarras, navega lejos de puertos seguros, zarpa a coger los vientos alisios, explora, no te detengas y hazlo realidad.

 


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