por Iván A. Montañez
Este proyecto, calculado en $7,600 millones de dólares, sería financiado por el Banco de Desarrollo Chino y tendría capacidad para transportar hasta 40 millones de toneladas de carga al año

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La posibilidad de que China estudie la construcción de una línea de ferrocarril o ‘canal seco’, que uniría el Pacífico colombiano con la costa caribeña, cualquiera que sea el propósito, no debe causar alarma sino reflexión a los panameños. 

El proyecto, que se propone como una opción al Canal de Panamá, podría tratarse de una maniobra para descongelar el Tratado de Libre Comercio por el legislativo estadounidense al inflar un ambicioso plan que conectaría incluso a Venezuela con el Pacífico colombiano. 

El nuevo ‘canal’ en tierra firme, de 220 kilómetros de longitud, iría desde el Pacífico a una ciudad cercana a Cartagena, donde los productos que se importasen de China se ensamblarían para su reexportación a otros países latinoamericanos. Al mismo tiempo, materias primas colombianas utilizarían el mismo enlace ferroviario en el Pacífico para su exportación al país asiático. 

Este proyecto calculado en $7,600 millones de dólares, sería financiado por el Banco de Desarrollo Chino y tendría capacidad para transportar hasta 40 millones de toneladas de carga al año. 

Mientras esto sucede, nuestro país asume el reto a partir del 2014 para que barcos Post-Panamax de 12 mil 600 TEU puedan atravesar nuestro ensanchado Canal a puertos de la costa este de Estados Unidos desde Asia, triplicando la capacidad de carga actual (4,400 TEU). 

Recientemente, Daewoo Shipbuilding & Marine Engineering Co., el tercer astillero más grande del mundo, proyectó la construcción de naves capaces de transportar hasta 20 mil TEU, asumido esto, nuestra competencia es con los ferrocarriles estadounidenses que se conectan entre ambos océanos, en una carrera por quién puede transportar la máxima cantidad a menores costos eficientemente en forma segura. 

Por fortuna el 90% del comercio internacional se realiza por la vía marítima, que sigue siendo la más barata y se ha calculado que una vez ampliado el Canal los transportistas se ahorrarían mil dólares por contenedor, comparado con el transporte de bienes por vía terrestre en Estados Unidos. 

Por consiguiente, nuestra competencia no será el canal mixto terrestre que construya Colombia, cuando el Canal de Panamá a partir de su ampliación en el 2014, ofrecerá ventajas altamente competitivas, frente a cualquier alternativa de transporte regional con esclusas de capacidad para movilizar 600 millones de toneladas anuales, con un ferrocarril (canal seco) que tiene 150 años de experiencia, recorriendo 75 kilómetros de la cintura más estrecha del continente y Panamá perfilándose a ocupar el primer lugar en puertos en América Latina, por encima del puerto de Santos en Brasil. 

La iniciativa colombiana de asociarse con China en magnos proyectos es legítima y no debemos ignorarla, pero debe llevarnos al imperativo insoslayable de establecer urgentemente relaciones diplomáticas con China. 

Ante la perspectiva que representará la ampliación del Canal como eslabón estratégico en el comercio mundial, no podemos seguir ignorando a la segunda potencia económica del orbe, a la nación más poblada del mundo, al epicentro mundial de producción e inversiones, y fundamentalmente al segundo usuario del canal y primer, socio comercial de la Zona Libre. 

En mi experiencia de estudios en China he observado los esfuerzos diplomáticos de México, Costa Rica, Colombia, Ecuador, Chile, Brasil y Perú por posicionarse ventajosamente en este diversificado mercado, por lo que precisamos actuar con sentido de oportunidad abriendo espacios y afianzando los intereses que más convienen a la nación panameña, fomentando relaciones provechosas y de beneficio común con el gigante asiático. 
 


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